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UN PRESIDENTE PARA LA HISTORIA

UN PRESIDENTE PARA LA HISTORIA

Con Lincoln, Steven Spielberg vuelve a las películas históricas del calibre de La lista de Schindler y Salvar al soldado Ryan al retratar al 16º presidente de los EEUU, conocido por la abolición de la esclavitud. Para ello realiza un grandioso fresco del personaje y de la época histórica de dos horas y media de duración, que ha obtenido 12 candidaturas a los Oscar, partiendo como la gran favorita de esta edición.

Apasionado en sus discursos, hombre de anécdotas jugosas y hábil con sus adversarios políticos, la película se centra entre 1860 y 1865, en dos esferas esencialmente: la parte política, con todo los intríngulis entre demócratas y republicanos y su lucha para conseguir erradicar para siempre la esclavitud. Viendo según qué escenas, uno se imagina dónde se iniciaron aquellos roles no siempre éticamente irreprochables de los protagonistas de la contemporánea El Ala Oeste de la Casa Blanca, pues Lincoln no dudó en entrar a menudo en el juego sucio de la política para lograr sus fines.

También está omnipresente  la esfera personal, con la dolorosa pérdida de uno de sus hijos y la posibilidad que Robert, su hijo mayor y universitario de Harvard, se aliste en la Guerra de Secesión. 

Spielberg se sirve del mejor Lincoln posible: un Daniel Day-Lewis perfectamenente caracterizado, que realiza un magnífico e imponente trabajo, con una gran dicción y retórica trasformándose (y de qué modo) en el presidente republicano. No en vano el actor pidió a Spielberg un año para preparar su camaléonica y veraz transmutación en Lincoln. Así como bien arropado por secundarios como Sally Field, que interpreta a su esposa, Mary Todd, y Tommy Lee-Jones, como el republicano Thaddeus Stevens, que acabaría siendo vice-presidente. La terna de actores está muy merecidamente nominada al Oscar.

Sorprende el arriesgado montaje a base de primeros planos (como ya ocurría en Los Miserables). Su función es tratar de acercar al espectador el personaje, su pensamiento y su retórica. Es por ello que la cinta es lenta, pues pausado es el transcurrir de la historia y más aún cuando, de manera indirecta, se pretende adoctrinar a los espectadores.

Aunque esta vez, Spielberg no consiga emocionar, como en parte de su filmografía hace, quizás los norteamericanos si vean en ella, la emoción de un hombre que se puso el país en el bolsillo en su memorable discurso de Gettysburg y que sentó las bases para la futura y moderna nación estadounidense. Es como si la historia hubiera estado esperando todo este tiempo a que el rey Midas de Hollywood retratara a Lincoln.


JR PALOMAR.-

Pie de foto: Lincoln y su esposa, Mary Todd, la siempre difícil conciliación entre la esfera pública y privada.

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