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VIDAS DISFUNCIONALES

VIDAS DISFUNCIONALES

Cada año en los Oscar hay alguna pequeña película, normalmente de corte independiente que salta primer plano de la actualidad y que se convierte en la revelación de la temporada. Si hace unos años sucedió con El indomable Will Hunting y Mejor imposible y más recientemente con Juno y Pequeña Miss Sunshine, este año El lado bueno de las cosas (Silver Linings Playbook) ha entrado pisando fuerte en la carrera de los Oscar, son suyas 8 nominaciones en las principales categorías. Además, ha pulverizado un récord, hacia 31 años que no ocurría que en una misma cinta los cuatro actores posibles, dos principales (Jennifer Lawrence, Bradley Cooper) y dos secundarios (Jackie Weaver y Robert de Niro) estuviesen todos nominados.

¿Pero qué es El lado bueno de las cosas? Es una feel-good-movie que, en forma de rom-com dramática, subvierte las reglas del subgénero al presentar otro tipo de personajes mucho más complejos a la par que menos convencionales. En este caso, Pat (Cooper) acaba de salir de una institución mental, pues encontró a su esposa con otro hombre, al que atacó, y aún se siente trastornado y con muchas ganas de recuperarla y de rehacer su vida junto a ella. Un día conoce a Tiffany (Lawrence), una joven viuda que ha perdido el trabajo a causa de una curiosa y desproporcionada manera de enfrentarse al duelo por la muerte de su marido.

Ambos seres, incompletos e incapaces de superar por sí mismo las dificultades que les ha puesto la vida en su camino, encontrarán en una actividad común algo donde agarrarse. Y hasta ahí podemos explicar para no desvelar detalles importantes de la trama. Jackie Weaver y Robert de Niro interpretan a los padres de Pat, un matrimonio que habrá de hacer frente a esta nueva etapa de su hijo, de nuevo en la casa paterna. 

Así pues, la película habla, desde el corazón y de manera muy mesurada (y para nada sensiblera) de la dificultad de superar un duelo o una pérdida y de afrontar un trastorno poniendo hincapié en el entorno y en las relaciones personales (familiares, amistosas, etc). Los grandes aciertos de la cinta de David O. Russell son un guión muy equilibrado entre drama personal y comedia romántica y unos actores en estado de gracia. Lawrence y Cooper se desnudan emocionalmente frente al espectador, de manera sensible y delicada, componiendo dos "locos" entrañables y llenos de humanidad. Además, la química entre ambos, a pesar de los 16 años que les separan (ella tiene 22 y él 38) es rabiosamente chispeante.

¿Puede dar la sorpresa en los Oscar? No lo sabemos. De lo que estamos convencidos es que el espectador se va a alegrar, va a sufrir, a reír y a emocionarse con la película y que, tras 2 horas, se va a ir del cine con la sonrisa grabada en el rostro, saliendo muy optimista y con la sensación de saberle a poco. 

SONIA BARROSO.-

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