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DJANGO: DE ESCLAVO A LEYENDA

DJANGO: DE ESCLAVO A LEYENDA

Quentin Tarantino vuelve a comportarse como un maldito bastardo, reinventando y bebiendo de las fuentes del spaghetti-western, con especial influencia de la divertida Django, de Sergio Corbucci (1966) y de otras piezas del género como Le llamaban trinidad o las cintas de Sergio Leone (Como un puñado de dólares, El bueno, el feo y el malo, etc). 

Aunque en esta ocasión la trama se centra en la relación entre dos hombres hacia 1865: un cazarrecompensas de origen alemán, ex-dentista, el Dr.King Schultz (Christoph Waltz), que consigue que el negro Django (Jamie Foxx) se convierta no sólo de esclavo a hombre libre, sinó que se asocie con él para detener a una banda de peligrosos hermanos, los Brittle. Django sueña con liberar a su esposa, Broomhilda (Kerry Washington) y para ello, necesitará la ayuda del Dr.Schultz. En su camino se encontrarán con numerosos peligrosos, como Calvin Candie (Leonardo Di Caprio), un poderoso terrateniente sin escrúpulos, dueño de una de las mayores plantaciones de algodón de Misissipi. 

La película no sería lo mismo sin Christoph Waltz -quien tras conseguir un Oscar por su Hans Landa en Malditos Bastados- vuelve a estar inmenso, confirmando que es uno de los mejores secundarios que existen en la actualidad. Así mismo, se nota la implicación de Di Caprio, Foxx y Samuel L.Jackson, quienes dan lo mejor de sí mismos al servicio de esta historia de un hombre negro y esclavo que no sólo llegó a ser libre, sinó que se convirtió en una leyenda.

Con bastantes puntos en común con Malditos Bastardos, Django Desencadenado es la historia de una venganza, si en aquella era la de la judía Shosanna (Mélanie Laurent) contra los asesinos de su famia y, por ende, contra el nazismo, en este caso es el sangriento ajuste de cuentas que llevará a cabo Django para salvar a su esposa y para devolverle a ella y a sí mismo, la libertad y la dignidad personal perdidas por culpa de la esclavitud. 

Con reminiscencias, aparte del spaghetti, de otras cintas como Lo que el viento se llevó, de Víctor Fleming (1939); Nevada Smith y Valor de Ley, ambas de Henry Hathaway (1966 y 1969, respectivamente), Tarantino deja su sello. La D de Django no sólo emmudece ante los interminables, a veces exasperantes, a menudo divertidos y otras tantas anticipatorios diálogos, sinó también en la planificación de las escenas de violencia (los flashbacks de las torturas, las escenas fuera de plano del ataque de los perros a un esclavo y las "explosivas" carnicerías de la parte final, etc).

Como viene siendo habitual en Tarantino nos encontramos con una banda sonora potente y muy pegadiza, con grandes temas del spaghetti-western, -de Ennio Morricone o "Trinity", de Le llamaban Trinidad-, a otros compuestos expresamente para la película, como la preciosa "Ancora Qui"; baladas soul como "Who did that to you", de John Legend y algunas canciones "raperas". Así como con una contrastada fotografía, que recuerda a las películas de los 60. Todos estos elementos confluyen en una cinta que contentará a los fans de Tarantino, pues es un festival de principio a fin, consiguiendo que no decaiga la fiesta en sus dos horas y tres cuartos de duración. 

SONIA BARROSO.-

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