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LIVE AND LET DIE

LIVE AND LET DIE

Hay cintas que no merecen ser tomadas al pie de la letra, tales la genial ópera prima de William Monahan, quien ya había trabajado como guionista en Red de mentiras o Infiltrados.

Su bagaje en el cine de acción se refleja en London Boulevard, pero de una manera diferente a lo establecido. Esta es una cinta conceptual. No hay pensar que lo que acontece en la película pretenda ser un reflejo de la realidad. Va más allá. Refleja el Londres en el que el lumpen, mediante los tabloides, es el amo del stablishment. No se queda corto tampoco en su también ácida reflexión acerca del mundo del hampa y de las estrellas mediáticas. Mientras unos pierden el derecho a la intimidad, otros pugnan desde su libertad por una redención que nunca llega.

Personajes disonantes buscan desesperadamente la harmonía de sus vidas encajando entre ellos como lo hacen una mano agarrada a un clavo ardiendo.

Todo se envuelve en un Londres de lo más cool, en el que resulta muchísimo más chic la delgada estrella de turno, enfundada en una sencilla camiseta que el amo de los bajos fondos paseando en su Rolls Royce y embutido en su traje de miles de libras. 

El elenco lo encabeza una atípica pareja: La aristocrática y etérea Keira Knighley con el canalla en vías de redención Collin Farrel. Junto a ellos, les acompañan unmuy acertado grupo de secundarios tales como David Thewlis o Ray Winstone quienes parecen estar directamente extraídos de cintas de Tarantino o Guy Ritchie.

El conjunto es francamente redondo, cóctel ambiguo de thriller con drama romántico no exento de acertadas y contadas dosis de humor negro.

SONIA BARROSO.-

Pie de foto: La bella y el bestia.

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