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SONRISAS Y LÁGRIMAS

SONRISAS Y LÁGRIMAS

Cinematográficamente hablando, también el 2009 ha sido un año de crisis. Pocas cintas nos han robado el corazón, aunque las que lo han hecho permanecerán largo tiempo en algún rinconcito de nuestra memoria.

El año 2008 terminaba con la espectacular Romanzo Criminale, que retrata una banda de gángsters setenteros en la Città Eterna y que pasó, con más pena que gloria por las carteleras. Se trata de Uno de los nuestros, a la italiana. Muy recomendable.

También pudimos disfrutar de la muy negrísima historia de Raimundo Nonato (un creíble Joao de Miguel) en Estómago. A ratos comedia, a otros drama, la película de Marcos Jorge es un puñetazo a las entrañas del espectador más desprevenido.

A principios del 2009 nos cautivaron dos historias muy diferentes entre sí, pero con el común denominador de pasar por la ceremonia de los Oscar con desigual fortuna. Mientras que Slumdog Millionaire se llevaba todos los premios, El curioso caso de Benjamin Button se quedaba a las puertas. De la primera, nos quedamos con la particular historia de los niños en Bombay, del afán de supervivencia y de los trazos de fábula social. De la segunda, permanece su reflexión sobre el inexorable paso del tiempo y sobre qué prioridades damos en la vida en detrimento de otras.

Clint Eastwood se despidió de su carrera como actor -pero, afortunadamente, no como director, ya que pronto veremos Invictus, con Morgan Freeman y Matt Damon- en Gran Torino, con una gran carga emocional, que nos dejó sin aliento y con el corazón en un puño.

Otro maestro, pero en este caso de la animación japonesa, Hayao Miyazaki, alma del estudio Ghibli, nos regala Ponyo en el acantilado, una joyita en forma de niña-sirena, que nos cautiva por su expresividad y ternura. Luego nos volvería a sorprender con el estreno en cine de Totoro, otra de sus obras cumbres, donde despliega ampliamente su particular imaginario fantástico.

La animación nos depara otra de las alegrías del año: Up, de la factoría Pixar. Una historia que, en apariencia, parece una simple aventurilla, pero que encierra alguna de las secuencias más emotivas de 2009.

En cuanto a pequeñas grandes historias, las francesas El primer día de resto de tu vida, de Rémi Bezançon y París, de Cédric Kaplisch nos ayudan a comprender un poco el intrincado y siempre difícil mundo de la familia y de las relaciones humanas, ofreciéndonos un mosaico de situaciones y personajes que parecen directamente extraídos de la vida real.

Un lugar donde quedarse, de Sam Mendes, explora el siempre complicado universo de la pareja ante la llegada de un bebé, emocionándonos. Mientras que Ken Loach nos habla sobre el significado de pertenencia a un grupo en otro relato de tintes sociales en Buscando a Eric, en la que también da paso a la comedia.

En definitiva, un año cargado de emociones dispares, a caballo entre la comedia más liviana y el drama más descorazonador. Un 2009 de sonrisas y lágrimas.

SONIA BARROSO.- 

Pie de foto: Con Ponyo y Sosuke vivimos grandes aventuras.

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