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TORBELLINO DE RELACIONES FAMILIARES Y AMISTOSAS

TORBELLINO DE RELACIONES FAMILIARES Y AMISTOSAS

Le prénom, de Alexandre De Lapatelllière y Michael Delaport, parte de una obra teatral, como ya sucedía en La Cena de los idiotas, para construir una desternillante vuelta de tuerca a las relaciones familiares y de amistad.

La cinta, siguiendo la tradición de grandes comedias francesas, como la citada La Cena de los idiotas, de Francis Weber; Cena de amigos, de Danièle Thompson, y Pequeñas mentiras sin importancia, de Guillaume Canet, reúne bajo un mismo techo a varios familiares y amigos con el pretexto de una reunión común. Dicha celebración, que en principio tenía que ser amistosa y "de buen rollo", se acaba convirtiendo en una auténtica pesadilla, pues comienzan las salidas de tono, las bromas pesadas y los malentenidos en una escalada de memorables momentos entre la comedia más disparatada y el melodrama más vodevilesco. 

La película, que guarda algún paralelismo con Un Dios Salvaje (Carnage), de Roman Polanski, en lo referente a la puesta en escena un poco teatral en el comedor de la casa y en la escala de situaciones cada vez más comprometidas, es menos cínica y más humana y cercana al espectador que el muy acidísimo film de Polanski.

En este caso, todo gira alrededor del nombre que uno de los protagonistas, Vincent (Patrick Bruel) quiere poner a su hijo y, a partir de ahí, se desencadenan todos los acontecimientos. Todos los actores tienen mucha química entre ellos y, además, el buen sentido del ritmo del guión, hacen que pases de la carcajada a la sonrisa congelada en poco tiempo, de la risa a la emoción contenida. Y tiene muchísimo mérito, pues hace reflexionar sobre algunas cuestiones de la vida, de las relaciones familiares y sociales, sin aburrir ni un instante.

SONIA BARROSO.-

Pie de foto: Juntos y muy revueltos.

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