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CONTRADICCIONES DE UNA ESTRELLA

CONTRADICCIONES DE UNA ESTRELLA

La semana de los Oscar también ha llegado otra película dedicada a una de las estrellas de cine con más glamour: Marilyn Monroe. Marilyn era un ser terriblemente complejo y contadictorio. Por una parte, en su esfera pública era una celebridad del la gran pantalla, adorada por todos gracias a su magnético poder de seducción. Por otra, era una mujer frágil y vulnerable, llena de miedos e inseguridades acerca de sus relaciones personales y profesionales.

Mi semana con Marilyn, de Simon Curtis, nos acerca a este gran icono de los años 50 desde el prisma de Colin Clark, un joven estudiante de cine de buena familia, quien decide perseguir su sueño y se convierte en ayudante de dirección de Sir Laurence Olivier. 

La película se centra en el rodaje de El príncipe durmiente, conocida luego como El príncipe y la corista, en que el reputado actor y director inglés rodó con la Monroe. En el set se aprecian las tensiones y angustias de Marilyn porque quiere ser una gran actriz del Método y no sólo una chica sexy. Asimismo, pone de manifiesto el ansia de perfeccionismo de Olivier, quien creía que actuar con la Monroe iba a convertirle en una gran estrella. 

Aparte de las interioridades del rodaje, Marilyn se muestra con toda su vulnerabilidad y con una gran necesidad de amar y ser amada. Las inseguridades de ella y del joven ayudante Clark sirven para que entre ellos se establezca una relación muy especial -que más tarde Colin Clark recogió en sus memorias El príncipe, la corista y yo-.

La cinta transita muy equilibradamente entre las dos esferas de la polifacética estrella, en parte al buen hacer de sus protagonistas. Michelle Williams (ganadora del Globo de Oro y nominada al Oscar por este rol) interioriza muy bien la poliédrica personalidad de la actriz y un sensible Eddie Redmayne (visto en la serie Los pilares de la Tierra) está perfecto en el papel de eterno enamorado y luchador perserverante.

Asimismo, no hemos de olvidar a Kenneth Branagh quien homenajea a su siempre admiradísimo Laurence Olivier, aunque nos lo presenta un tanto maniático y déspota, pero de buen corazón. Judi Dench aporta un distinguido toque de humanidad a su papel de la veterana actriz Sybil Thorndike. Además, destacan las apariciones de grandes nombres asociados a la órbita de la Monroe, como es el caso de su entonces marido Arthur Miller; el fotógrafo Milton Greene o la esposa de Olivier, Vivien Leigh, que aportan su personalidad al relato.

En definitiva, se trata de una muy recomendable visión acerca de una gran dica del Hollywood clásico quien, 50 años después de su muerte el 5 de agosto de 1962, sigue siendo admirada y venerada, pues poseía un extraordinario don que la convirtió en inmortal.

SONIA BARROSO.-

Pie de foto: Marilyn (Michelle Williams) tomando un baño de modo muy sensual.

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