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MICHAEL HANEKE, PREMIO PRÍNCIPE DE ASTURIAS DE LAS ARTES

MICHAEL HANEKE, PREMIO PRÍNCIPE DE ASTURIAS DE LAS ARTES

Michael Haneke es el flamante ganador del premio Príncipe de Asturias de las Artes de este año. Nada más enterarse de la noticia de que había sido el elegido entre los 34 candidatos que optaban al prestigioso galardón declaró que se sentía muy honrado por este gran reconocimiento. Y no es para menos, puesto que, el cineasta austríaco sigue cosechando éxitos. Con Amor (2012) consiguió alzarse de nuevo con la Palma de Oro en Cannes, y en los Premios del Cine Europeo obtuvo 4 galardones, entre ellos, el de mejor película y mejor director. Pero la lista de premios no acaba ahí. En la pasada ceremonia de los Oscar se llevó el premio a la mejor película de habla no inglesa. Era la primera vez que lo conseguía. Con La cinta blanca (2009), su anterior película, estuvo a punto de ganarlo, pero aunque fuese una de las favoritas al final se proclamó vencedora El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella.

Haneke es un todoterreno, de eso no hay ninguna duda. Ha trabajado como crítico de cine y ha dirigido obras de teatro de Strindberg y Goethe en ciudades como Berlín y Viena. Ha trabajado en televisión como editor y dramaturgo y debutó en la dirección en 1973, es profesor en la Academia de Cine de Viena desde el año 2002 y no sólo eso, sino que también dirige óperas en los teatros más emblemáticos de Europa. Dirigió Cosi fan tutte, de Mozart, en el Teatro Real de Madrid, pero no pudo estar presente en el estreno porque tuvo que asistir a la ceremonia de los Oscar en Los Ángeles, donde por fin consiguió el Oscar a la mejor película extranjera.

Está claro que el austríaco es un artista polifacético, pero sobre todo es conocido por su cine sombrío y turbio. A continuación, vamos a intentar indagar en su obra cinematográfica para así poder entender por qué es un cineasta tan admirado y respetado. Su cine bebe de la tradición europea, por consiguiente, no es fácil de digerir porque se trata de otro tipo de cine que no estamos acostumbrados a ver.

La mayoría del público entiende el cine como espectáculo, ya que, la fábrica de sueños de Hollywood es el referente indiscutible para la mayoría de los cinéfilos de todo el mundo. Hollywood ha enseñado a amar el cine a millones de espectadores y por ello, todo el cine que se aleja del modelo clásico (establecido desde los años 20 del siglo pasado) tiende a ser sospechoso de aburrimiento. Y no es que otras cinematografías sean aburridas o cansinas para el espectador medio, lo que pasa es que tienen otra manera de entender el cine. Hay muchas maneras de entender la vida, y lo mismo pasa con el cine.

LA VERDAD 

El cine de Haneke aboga por la verdad. A través de su obra desea sacar a la luz la verdad de la vida cotidiana. Quiere desnudar el alma humana y, para ello, utiliza un estilo sobrio, frío, fragmentario, analítico y, por supuesto, no hay ornamento ni floritura que valga. Todo lo que no es importante queda eliminado de la ecuación. Su estilo puede ser resumido como menos es más (es la característica por antonomasia de la cultura zen japonesa). Al igual que Ozu se centra en lo que verdaderamente importa y, por ello, su estilo (su ética y estética) ya está definido desde que dirigió El séptimo continente en 1989. No desea experimentar con la forma; no mueve la cámara en ningún momento porque le interesa retratar la condición humana. Su cámara fija observa detenidamente porque no quiere que los espectadores se pierdan ningún detalle de lo que está sucediendo en la pantalla. Hoy en día se juega mucho con las formas, ya que, hay directores que beben de la publicidad, los videojuegos o los videoclips, pero Haneke es un autor a la vieja usanza.

Europa es la cuna de grandes cineastas, y Haneke desea seguir los pasos de gente como Antonioni. Le interesa indagar en el malestar de la sociedad, pero no está dispuesto a hacer juicios moralistas, ni dar respuestas. Su objetivo es incomodarnos con sus preguntas. Haneke ha demostrado que las preguntas pueden hacer mucho daño, incluso más que la violencia. Está en contra del espectáculo y de la banalización de la violencia, su obra pretende ser fiel a la realidad, no un mero juego de entretenimiento para hordas embrutecidas. No pone énfasis en las escenas donde reina la violencia, y eso hace que la violencia sea difícil de soportar.

Se vuelve sencillamente insoportable, ya que, no es como esas escenas gore de Takashi Miike o Tarantino que nos hacen disfrutar, es una violencia que estremece y que hiela el corazón, porque nos apela a cada uno de nosotros. Haneke nos advierte de que el mal se esconde en nuestro interior y, por ello, en circunstancias adversas todos podemos cometer los crímenes más horripilantes que se puedan imaginar. El miedo y el deseo son los que nos llevan a cometer las acciones más aberrantes. El inconsciente tiene una importancia enorme en la visión de Haneke, ya que, hay cosas que no podemos llegar a entender. Aunque parezca irónico en la sociedad del conocimiento seguimos sin saber casi nada de nosotros mismos. No podemos entender muchas de las acciones que llevamos a cabo en el día a día.

La trilogía conocida como la glaciación de los sentimientos nos muestra que el estilo de Haneke ya estaba definido desde sus inicios. El séptimo continente, Benny’s Video y 71 fragmentos de una cronología del azar (ganadora en Sitges) tienen como argumento un hecho traumático. El séptimo continente nos cuenta la historia de una pareja que se suicidó después de matar a su hija; Benny’s Video nos habla de un adolescente que mata a una muchacha de su edad; y 71 fragmentos de una cronología del azar nos trae la historia de un joven que mató a tres personas para luego acabar suicidándose. Las tres acciones ocurrieron en la vida real, y Haneke rescata esos hechos no para dar respuestas, sino para hacer reflexionar al público haciéndonos preguntas sobre lo ocurrido. Las tres obras son lentas y fragmentarias y, por ello, el espectador se pregunta por lo que está pasando porque a decir verdad no parece que esté pasando absolutamente nada.

Haneke retrata todas las escenas de igual forma, y eso produce inquietud y desconcierto en el público. Una comida en familia o un asesinato triple son filmados de la misma manera, y eso genera perplejidad. Desdramatiza la acción como lo hacía Wenders. Cuando Benny mata a la chica sin ninguna razón aparente, el espectador no puede más que sentirse aturdido y perdido. En el cine de Hollywood, los motivos y los objetivos de los personajes suelen saberse nada más empezar la película, pero Haneke juega con la paciencia y las expectativas del espectador. No hace lo que en realidad debería hacer, que es dar explicaciones para que podamos entender la motivación de los protagonistas.

LA CONDICIÓN HUMANA

El cine de Haneke nos pregunta sobre la condición humana. Sus tres primeras obras son provocativas y desconcertantes, pero no son tan buenas como las que vendrían después. Pero el estilo ya estaba definido, y eso significaba que lo más difícil ya estaba hecho. El séptimo continente, la que fue su ópera prima, se estrenó en la quincena de los realizadores de Cannes, así que, está claro que su idilio con el certamen de la costa azul empezó hace mucho tiempo.

El thriller psicológico titulado como Funny Games fue la obra que le catapultó a la fama.Compitió en la sección oficial de Cannes y, aunque en aquella ocasión no pudo ganar la ansiada Palma de Oro, obtuvo el premio Fipresci, que otorga la crítica internacional. El argumento es bien conocido: dos chicos secuestran a una familia en su propia casa y les torturan a base de macabros juegos. Por otro lado, La pianista es un magnífico retrato del deseo, desconcertante y excitante a partes iguales. En mi humilde opinión, es su mejor película. Como obra de Haneke es ambivalente, es decir, provoca sensaciones completamente opuestas, que van desde el desasosiego y el malestar hasta la excitación.

Tiene razón Haneke cuando afirma que Amor es su película más tierna, ya que, en todas sus anteriores películas pasan hechos terribles y traumáticos. Amor habla de la vejez, y la vejez se ha convertido en estos tiempos en algo terrorífico. Podemos decir que Amor no es tan impactante como sus anteriores obras, ya que, se centra en la historia de Georges y Anne. Se asemeja mucho más al estilo de La cinta blanca, que retrata la violencia que se esconde bajo la ideal vida cotidiana puritana. Podríamos decir que ambas son más sutiles, más comedidas, y la violencia está contenida. La violencia es parte del ser humano, está claro, pero puede ser contenida o reprimida en según qué momento.

Como declaró Park Chan-wook en Bilbao, la semilla del mal se encuentra en nuestro interior, pero en algunos casos nunca sale a la superficie. Haneke siempre se ha centrado en la cotidianidad, pero algunas de sus obras son más impactantes y asombrosas que otras. En los últimos años. ha demostrado que aboga por un cine menos espectacular. Por lo visto, quiere centrarse en los pequeños detalles de la vida. Por lo tanto, su cine es mucho más radical ahora, ya que, ha decidido alejarse aún más del modelo estadounidense y eso significa que puede llegar a ser incluso más difícil de digerir.  

BEÑAT EIZAGIRRE INDO.-

Pie de foto: Amor, una de sus obras más comedidas, donde se retrata el terror en la vejez.  

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