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LOS MISTERIOSOS RECOVECOS DEL ALMA HUMANA

Primero de todo, confesaros que Ben Affleck siempre me pareció un actor mediocre, inexpresivo, el amigo tonto de Matt Damon, junto al que consiguió un Oscar como guionistas por El indomable Will Hunting.

Pero que ha conseguido firmar, al otro lado de las cámaras, una de las mejores películas del año. Sin lugar a dudas con Gone Baby Gone (Adiós pequeña adiós), el mayor de los Affleck ha alcanzado la madurez y ha entrado por la puerta grande, para escribir sin complejos su nombre al lado de realizadores como Clint Eastwood, Francis Ford Coppola o Martin Scorsese. Y no es una exageración.


La película venía precedida por una polémica al comparar el caso de la niña desaparecida con el culebrón mediático de Madeleine Mc Cann. Pero una vez vista la cinta, las similitudes entre realidad y ficción son meramente anecdóticas (las dos niñas son rubias, monas y de cuatro años, pero poco más...).


Basándose en la novela de Dennis Lehane (autor de Mystic River) y poniendo a su hermano Casey al frente de un reparto de campanillas, junto a grandes de la pantalla como Ed Harris y Morgan Freeman, Ben Affleck vuelve a su Boston natal. El retrato de los barrios bajos, donde pululan traficantes, drogatas, familias desestructuradas, pederastas, alcohólicos y gente humilde, no es para nada maniquea, evita los tópicos. La historia está muy bien narrada, con golpes de efecto sólo cuando es necesario y sin caer en la sordidez extrema.


Ben Affleck dirige con mano certera al espectador por un laberinto argumental donde todas las piezas se van desvelando poco a poco. No es en absoluto un thriller llano y previsible, sino que todos los personajes tienen sus motivos para actuar como lo hacen y presentan poliédricas caras. Los giros en la trama (la cual nos abstendremos de explicar para no revelar nada importante), acaban conduciendo al espectador a un dilema de gran calado, obligándole a reflexionar y a tomar partido. En este sentido, tiene mucho más de drama psicológico que de película policíaca.


Adiós, pequeña, adiós, supone la confirmación de los hermanos Affleck, el mayor como director a tener en cuenta y el pequeño como actor que, con su penetrante mirada, dota a su Patrick Kenzie, el detective enfrentado a sí mismo, de grandes dosis de verdad. Es una película muy recomendable, de visón obligada si se quiere tratar de entender un poco más los misteriosos recovecos del alma humana.

SONIA BARROSO.-

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