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HEATH LEDGER, IN MEMORIAM

Ríos de tinta se han escrito sobre de The Dark Knight (El Caballero Oscuro), pero lo que es innegable es que, la película, que se ha convertido en la segunda más taquillera de la historia (con 505 millones), sólo superada por Titanic, debe su éxito a la necrofilia.

La desafortunada muerte de uno de los protagonistas, Heath Joker Ledger ha producido un repentino y mórbido interés por adentrarnos en la historia para comprobar, o quizás descubrir, si un intérprete puede enloquecer a causa de un psicótico personaje. Uno de los atractivos de la cinta es ver a este chico, con alma de gran actor, convertirse y trasformarse en este ser escindido.

Y es que en la cinta, se nos plantea constantemente que, la línea entre la locura y la cordura es fina y, a menudo, se rompe. Incluso, Harvey Dos Caras, interpretado de forma sobresaliente por Aaron Eckart, otro de los alicientes de la función, se atreve a cruzar a ese lado oscuro, donde habitan las pesadillas y los complejos de culpabilidad de los hombres.

También se nos habla, de manera un tanto trascendente y megalómana, de qué es o justo y lo injusto. Y de que, a menudo, el héroe se puede convertir en una especie de villano, si vive el tiempo suficiente para contar la historia. 

Con un arranque trepidante y un desarrollo altamente atractivo, la cinta va decayendo hacia el alargamiento de escenas y la monotonía hi-tech en su tramo final. Aunque el magnetismo de la misma radique en la sombra no del héroe, sinó de un fantasma, convertido en villano por exigencias del guión.

SONIA BARROSO.-

 

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