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PERVERSIONES DE ALTA ALCURNIA

Una chica cortada en dos es la nueva y excepcional película del que fue uno de los artífices de la Nouvelle Vague, Claude Chabrol. A sus 77 años, este abuelete está en plena forma ofreciéndonos uno de los ejercicios cinematográficos más perversos y apasionantes de los últimos tiempos.

Y es que la cinta no tiene desperdicio, empezando por el triángulo de personajes protagonistas, a cuál más desagradable e inmoral.

Como objeto de deseo, una joven y ambiciosa presentadora de la sección del tiempo en televisión, Gabrielle (Ludivine Sagnier) que se "enamora" perdidamente de un escritor que podría ser su padre y que la inicia en todo tipo de juegos eróticos y perversiones sexuales (a cuál más humillante, pero que Chabrol tiene la delicada maestría de no mostrar explícitamente, sino que sólo las sugiere).

Por otra, el citado escritor, Charles (Frances Berléand), autor de éxito, casado con una mujer que le permite y le consiente y relacionado laboralmente con una editora que calla más que habla, Capucine. El autor consigue, una vez más, que una mujer pierda la cabeza por él y sus fantasiosos caprichos sexuales.

Y en el tercer vértice, un joven apuesto, Paul, pobre niño rico, que vive de las rentas del laboratorio que fundó su padre, ya fallecido, un ser díscolo, sumamente excéntrico a la par que un tanto desequilibrado (interpretado magistralmente, por Benoît Magimel, en un papel adorablemente repulsivo, que ya habría querido Almodóvar...) que se encapricha locamente de la chica, a la que no deja en paz hasta que se convierte en su mujer.

Amor retorcido, sexo malsano, mucha mala leche (sobre todo con la protagonista, a la que presenta como una zorilla hasta en el vestuario, a veces inocente enamorada, pero siempre voluble) y lucha de clases, entre los personajes adinerados, unos por su trabajo o fama y otros por razón de sangre, (que se percibe por en el odio que existe entre la madre de Paul y su nuera Gabrielle o entre Charles y Paul)... Éstos son algunos de los temas en que ahonda magistralmente Chabrol. 

Así pues, estamos ante un ejercicio de exploración del alma humana, donde pueblan muchos tenebrosos recovecos que, aparentemente, no se ven si no se escarba un poco la superficie, planteado como un endiablado juego. Simplemente magnífica en cuanto a ritmo, ejecución, desarrollo y desenlace (que hace honor al título del film), la película se ve bien y se digiere aún mejor. Absolutamente fascinante.

SONIA BARROSO.-

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